domingo, 12 de febrero de 2017

Por qué CEOcracia no es Democracia

-Por Fabián Curotto-

Desde que Macri asumió la presidencia, al ver la composición de su gabinete de ministros y alrededores, muchos empezamos a caracterizar a si gestión como Ceocrática. Éstos últimos días me volvía percatar que cuando uno adjetiva algo, es mejor acompañarlo de una explicación, pues una misma palabra puede no representar para uno lo mismo que para otro. Me ocurrió en la última semana cuando en medio de una conversación apareció el término "populismo"; para mi interlocutor representaba algo que, según mi entender, se había quedado anclado en el Siglo XX, como si Ernesto Laclau, cierto empoderamiento popular y los primeros 15 años del Siglo XXI no hubiesen ocurrido en Nuestramérica.
Entiendo entonces que la forma de gobierno Ceocrática debe explicarse, intentando señalar donde está la gravedad del asunto. Se nos dice que actualmente la mayoría de las empresas tienen un CEO, un vocablo anglosajón que se extendió por el mundo al momento de designar a ese individuo que tiene la máxima responsabilidad dentro de una empresa. Es la cara visible hacia el exterior y el que, a nivel interno, posee un rol de ayuda a los directivos empresarios, respecto a decisiones de como organizar el trabajo y a los empleados, buscando optimizar algunas variables.

Quienes entendemos que "un país no es una empresa" (me incomoda esta parte de señalar lo obvio, pero se arranca con los palotes) no lo sostenemos solamente por una cuestión de tamaño, por un tema de volumen. De hecho hay muchas empresas privadas que tienen una economía mas grande que algunos Estados. La corporación petrolera Exxon Mobil tiene un valor estimado en los 440.440 millones de dólares: ese número  es mucho más grande que el PBI de varios países. Pero cuando hablamos de gobiernos nos apoyamos en lógicas políticas mas que en cuestiones de balances o arqueos de caja, pues hablamos de Estados y no empresas particulares. Hablamos de intereses generales y geopolíticos, entre otras mil cosas, y no de intereses sectoriales definiendo tácticas de rentabilidad. Un tema central, como el de la Soberanía Nacional, ni se debate en una mesa de gerentes, salvo como traba legal para dar algún paso o no en sus negocios. El Estado tiene razones que un CEO no entiende, y ni interesa si las entiende o no, pues un CEO no tiene nada que hacer adentro del diseño de un Estado, vía "gobierno de turno". Si un CEO integra un gobierno (un CEO, o dos) este debe tener en claro que entró en otro plano, en otra dimensión, en donde las lógicas del mercado quedan superadas por razones infinitamente mas amplias. Y a esa razones las debe conducir SIEMPRE la política. El desafío de una nación, ahí está lo apasionante y complejo, es incluir de un modo u otro a todos los habitantes de buena fe que habiten su territorio. Un gerente de recursos humanos en una empresa busca "optimizar recursos", busca "eficiencia antes que nada".... naturalmente no busca la inclusión social de las mayorías populares, que es, si o si, lo que debe hacer un Estado. Un CEO podría ocupar un cargo en un gobierno, pero si se somete a la conducción de la política y no al tironeo de algún interés privado, interés que tal vez no sea siquiera de carácter nacional.

Hay que construir un puente colgante sobre un río entre dos pueblos. No podemos dejar de convocar a un técnico, a alguien que tenga los conocimientos de cómo construirlo. Pero JAMÁS puede ser ese técnico el que decida desde su sesgada mirada profesional sobre cual parte del río se construye. La decisión del dónde hacerlo debe recaer en la mirada política, que es la que posee una observación integral y no "técnico especialista". El ingeniero, en el ejemplo dado, puede sugerir cuestiones de firmeza del terreno,y puede pasar el presupuesto de obra. Pero el político, si es buen político, tendrá en cuenta donde suma mejor ese puente al turismo, al intercambio comercial entre las dos orillas, donde suma mejor a la planificación regional de caminos, a la generación de puestos de trabajo, etcétera y etcétera. Esas definiciones debe quedar en manos de intendentes o gobernadores mas sus equipos políticos de asesoramiento, y no en manos de un tipo que sabe hacer buenos puentes colgantes. Supongamos que estamos ante el mejor ingeniero del planeta: no importa, no sirve mas que como un eslabón necesario de la obra, la conducción integral del proyecto debe necesariamente tener una mirada superior, estratégica, una mirada política.

Desde que como pueblo padecemos al gobierno macrista en la presidencia se dio esta desviación "eficientista" de la mirada. Se cambió la amplitud y complejidad del ojo político por la anteojera de lo técnico. Un intendente no puede estar mas preocupado en ver como reduce la cantidad de personal municipal "para que le den los números" -como si fuese un gerente de recursos humanos-, que en ver como se reduce la cantidad de habitantes sin empleo en su distrito. Ahí tendrá que apelar a las cámaras industriales y comerciales de su territorio, ver como puede fomentar desde el Estado Municipal la creación de empleo, pero también tiene que entender que el Estado Municipal tiene un rol en cuanto a dar trabajo.

Cuento una anécdota que si la leen algunos compañeros dirán que me estoy exponiendo mucho. No importa. Trabajo en un área estatal en donde interactuamos con organizaciones sociales, con asociaciones civiles, algunas con muchas menos fortalezas técnicas que otras. Un jefe recién llegado, obviamente parte de la actual gestión, nos dijo que hay que trabajar con quienes lo hacen bien, "basta de hacerles upa a los que ni siquiera mandan los papeles correctamente"...¡Somos el Estado, señores! Al que le cuesta trabajar bien -porque viene de estar excluido, o porque pudo terminar la secundaria recién a los 60 años- no podemos dejar de "hacerle upa". Somos el Estado: tendremos que hacer mayor acompañamiento institucional, tendremos que buscarle la vuelta a las capacitaciones... pero no podemos desentendernos de los que "no hacen las cosas prolijamente". Somos, en muchos casos, la última o única opción que tiene una parte emprendedora de la sociedad para integrarse de algún modo. ¡No somos el Citibank, que puede ejercer el capricho de elegir a sus clientes por "mérito", señores !

Hasta aquí creo haber dicho algunas cuestiones de por qué la idea del CEO y de la política suelen ir por distintos carriles. Pero hay otras razones, entre ellas el conflicto de intereses. Alguien que hasta ayer comía asado en el salón de una corporación junto a otros gerentes no puede, de repente, ser puesto como representante de los intereses nacionales en la misma área. El caso de Aranguren, actual ministro de energía, que hasta ayer (¿hoy no?) defendía los intereses de la petrolera extrajera Shell, y hasta era accionista mientras ejercía el mas alto rol ministerial. A la hora de tirarle el salvavidas a alguien, al momento de pasar un dato clave ¿lo hará primero con nuestra YPF o con sus amigos de Shell?. Otro caso es el titular designado por el gobierno al frente del por estos dias tan nombrado "Correo Argentino",  se trata de Jorge Irigoin, empleado directo en los negocios privados de la familia Macri desde hace décadas. Evidente conflicto de intereses: los intereses empresariales de la familia Macri no son los nuestros. Parece que hace falta aclararlo (vergüenza).

Así que no es sólo porque responden a intereses privados que nos oponemos a la delegación de CEOs en la conducción de algunos temas sensibles para los intereses nacionales. Un JP Morgan no representa la idea de emancipación económica, claramente.

Por supuesto que el problema a resolver es ideológico. Los liberales no son distraídos, creen en que la intervención del Estado en "las cosas" debe reducirse al mínimo posible y creen en los milagros de la "mano invisible del mercado", que sabe esconder con excusas lo que no está dispuesto a solucionar. Por eso es que no importa si un ministro fue "Medalla de Oro" en Harvard o "Medalla de Bronce" en Rosario, la complejidad la da la pertenencia ideológica, esto es, fundamentalmente, a que intereses se responde, mas allá de las calificaciones universitarias de su momento. Vayamos al diccionario, para ver si algunos términos son idénticos, compatibles o antagónicos. 
Ya vimos que una Ceocracia es un gobierno con predominio de CEOs, de gerentes privados, ya sea por representación directa, o por los asuntos que prioriza un gobierno y a quién les atiende el teléfono primero, si a corporaciones o a ciudadanos.

Nosotros hablamos de Democracia Popular, poniendo énfasis en que las democracias deben ser representativas del Pueblo y no tuteladas por intereses ajenos a éste y a los intereses de la Patria.

Democracia: Sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho del pueblo a elegir y controlar a sus gobernantes.

PlutocraciaForma de gobierno en que el poder está en manos de los más ricos o muy influido por ellos. Gobierno formado por las personas más ricas de un país, que goza de poder o influencia a causa de su riqueza.

#CEOcraciaNoEsDemocracia
#DemocraciaOCorporaciones

Si en las siguientes imágenes ven la foto de alguien que ya no está en el cargo, no se preocupen: ya fue reemplazado por otro empresario amigo de Mauricio Macri


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