martes, 4 de febrero de 2014

Cambiemos el final de la pelicula

 Por Fabián Curotto

 Habitualmente reviso datos históricos, buscando paralelismos entre las acciones de los variados actores de una sociedad en distintas épocas, ante situaciones similares, mas allá de las coyunturas o contextos mas o menos diferentes.


Hace unos dias veiamos en algun medio un archivo de Raul Alfonsín en 2004 advirtiendo sobre como planeaban los grupos concentrados y especulativos de la economía un golpe económico contra el entonces presidente Néstor Kirchner.


El mismo Alfonsín fué víctima de uno de esos golpes por parte de sectores que -aprovechándose de algunas circunstancias propicias, muchas de ellas debidas al titubeo a la hora de tomar medidas económicas de fondo- en nada se preocuparon por el daño que le hacian al pais, al pueblo, e hicieron su "egoísta cosecha" para pocos. Entonces ganaron los de siempre.


En Brasil José Sarney por entonces tenía problemas también en éste sentido. En la economía, el gobierno de Sarney adoptó una política considerada demasiado heterodoxa por los gurúes de Wall Street. Entre las medidas más destacadas estuvo el "Plan Cruzado" vigente desde el 28 de febrero de 1986: este Plan disponía la fijación general de los precios por 12 meses, introducción del cruzado como nueva moneda ante la severa devaluación del cruzeiro, y la adopción del reajuste automático de salarios siempre que la inflación alcanzaba o sobrepasaba el 20% del nivel de precios.

El "Plan Cruzado" tuvo efecto inmediato en la contención de la inflación y en el aumento del poder adquisitivo de la población, alzando el país a un clima de breve euforia. Miles de consumidores pasaron a fiscalizar y a denunciar los aumentos de precios en el comercio, quedándose conocidos como "los fiscales de Sarney". Sin embargo, cuatro meses después, surgieron problemas: porque "ocurrió" una grave crisis de abastecimiento, desapareciendo llamativamente las mercancías de los mercados, mientras algunos integrantes de la cadena comercial pasaron a vender muy por encima del precio fijado para así "salvar sus ropas".
Claro, habia en las sombras muchos interesados en que un plan de acuerdos para cuidar el bolsillo de los consumidores fracase totalmente: el Consenso de Washington estaba en marcha, el neoliberalismo venía a adueñarse de los destinos de toda latinoamerica por al menos una década, tiempo que fue suficiente para realizar su saqueo, en base a privatizaciones, "libre comercio" y endeudamiento extremo de nuestros países.
En el medio estuvieron los idiotas útiles de siempre, que creyéndose parte de "los vivos" se vieron no mucho despues entre los tantos perjudicados, esos comerciantes de "clase media trabajadora pero engreída" de la que suelo hablar, que sueña o juega a ser parte de "los poderosos de siempre", les copia la pose y el discurso a los oligarcas y nunca llegan a advertir que son utilizados circunstancialmente por estos últimos para llevar adelante sus propósitos mezquinos y antinacionales.
El compañero Jorge Giles el último domingo publicaba su nota titulada "Ya nos dimos cuenta", en la cual expresa "La principal diferencia entre esta época y épocas pasadas es que esta vez nos dimos cuenta. Sí, nos dimos cuenta de que hay un golpe financiero en marcha, que empujan para que desbarranquemos, que retienen 3.500 millones de dólares de soja en los silobolsas, que operan con total impunidad desde los medios masivos de comunicación, que Alfonsín tenía razón y que Néstor y Cristina también tenían razón cuando denunciaron al complejo agrofinanciero, bancario y mediático como enemigos de la democracia. “Las corporaciones”, que le decimos."
Pero habla de final abierto, y es "porque para cerrar el ciclo de estos golpes antidemocráticos se precisa una densidad social mayor y de tal peso que pueda barrer de cuajo cualquier alzamiento de estos “carapintadas” de guantes blancos."
Y agrega "hay que hacer aún mucha docencia y pedagogía de bolsillo para avivar a los zonzos que se prenden con la pizarra del dólar ilegal y “los precios que se suben a las nubes” mientras se registra un nuevo récord en el turismo local y la Presidenta anuncia el Plan Progresar para los jóvenes de 18 a 24 años.
 Cuando una gran mayoría popular se haya dado cuenta de que esto es un golpe recurrente, cuando se entienda y comprenda que con el “círculo rojo” de la vieja y nueva oligarquía pierde el pueblo, cuando se huela que atrás de una corrida cambiaria vienen por el petróleo y el agua, por tu ahorro y tu trabajo, por tu paz y tu descanso, entonces y sólo entonces tendremos ganado el derecho de aflojar la guardia. Mientras tanto, la lucha continúa."

Y claro, la lucha continúa, y muchos de los que deberían jugar en nuestro equipo ya empezaron a confundirse, ya comenzaron a hacerle el juego a ese uno o dos por ciento de la población, a esa oligarquía terrateniente o financiera que una vez mas pretende -y hasta logra- utilizarlos, para luego desecharlos, por no considerarlos de los suyos sino simple "aliados" circunstanciales, como ocurrió tantas veces.

Finaliza Giles: "Alguna vez dijimos que los sectores parasitarios nucleados alrededor de la Sociedad Rural y el Grupo Clarín eran los herederos del virrey Sobremonte: les desvelan las reservas del Banco Central porque quieren quedarse, más temprano que tarde, con el botín del tesoro nacional.
Nos quedamos cortos: quieren quedarse con todo el Estado para volver 
a endeudarnos y para que activos como el petróleo se vuelvan a rematar 
por chirolas y moneditas sin valor. Esta vez nos dimos cuenta. 
Multiplicar esta verdad es la tarea."
Arteche y la puta madre que te parió ! gritaba aquel engreído personaje 
de la película Plata Dulce al darse cuenta que el oligarca especulador lo 
había utilizado y descartado, al tiempo que se iba con dólares mal habidos 
al exterior. A determinados actores de la economía les digo: no sean víctimas de "Arteche" ni de los cómplices de Arteche -los Melconián, los Magnetto-, no sean boludos !
Podemos cambiar esta vez y definitivamente el final de la película, si somos concientes de nuestro rol activo, de nuestro protagonismo colectivo 
como ARGENTINOS -y no como otra cosa- dentro de la construcción 
cotidiana de nuestro país.



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