viernes, 8 de junio de 2012

De Cacerolazos VIP y Mala Memoria

Por Fabián Curotto


Hace pocos dias comenzó a darse una circunstancia anecdótica que algunos medios hegemónicos de la derecha han logrado magnificar en sus primeras planas, pero que hasta ahora no llega ni por lejos a adquirir dimensiones de fenómeno ni a mover un ápice el amperímetro de la realidad.
Intentos de cacerolazos -que hasta hoy han sido cacerolacitos- empezaron a darse en algunos barrios acomodados de la Ciudad de Buenos Aires, casualmente dándose el primero en la semana de las restricciones mas estrictas sobre la compra de dólares y puntualmente el mismo dia en que se aprobara democráticamente, por voto de la legislatura bonaerense el aumento del impuesto inmobiliario rural, cosa que hizo lagrimear a los terratenientes que estaban acostumbrados a pagar anualmente por hectárea menos que por la patente de un Gordini (o de un Fitito, por si no fui claro).
Siempre lo supimos, la peor derecha está agazapada, por momentos disfrazada de manso cordero pero conservando naturalmente su condición lobuna. Personajes como Cecilia Pando, Mariano Grondona y otros nombres propios nostálgicos del neoliberalismo, y hasta en algunos casos nostálgicos de la dictadura cívico-militar... y clerical, esperan con ansias la menor excusa para saltar a la yugular de los gobiernos populares en el nombre de una Argentina que ni por lejos es la que los bien paridos entenderían como Patria.
Antes de continuar reconozco que es natural que parte de los argumentos que esgrimen esos sectores sociales prendan mas facilmente en el actual contexto de desaceleración del crecimiento de algunos sectores de la economía, que venian creciendo hasta hace menos de un año a niveles estupendos.
Esa desaceleración coyuntural, sumada a operaciones mediáticas innegablemente tendenciosas y para nada inocentes, son caldo de cultivo para que algunas franjas de la clase media, que históricamente han estado para nada comprometidas con la priorización de la redistribución de la riqueza y dista de poseer un espíritu sinceramente solidario, empiece a hacerse eco de consignas destituyentes.
Idéntifiquese a esos sectores hiper funcionales a la peor derecha con frases del tipo "por qué con mis impuestos tengo que alimentar negros?" o "dejensé de joder con los derechos humanos y Malvinas, hay que mirar para adelante". Bueno, a ese poco feliz sector de nuestra sociedad me refiero (disculpe el casual lector si acaba de descubrir que está dentro los parámetros de los que muchos calificamos como "sectores miserables").
Superada mi disgresión expreso que, de cualquier modo, no creo que todo se deba a "los eternos funcionales" con que cuenta la derecha, y sí creo que en muchos casos es la falta del ejercicio de la memoria la responsable de esta caída en falsos dignósticos de nuestro presente, diagnóstico hecho en muchos casos por periodistas que siguen sosteniendo que son independientes y no dejan de cuidar ni por un segundo los intereses monopólicos u oligopólicos de sus patrones.
Salvo que midamos todo en términos monetaristas y económicos -y ni siquiera de ese modo- podemos dejar de reconocer que en los últimos ocho años hubo una real revolución, un más que positivo cambio de paradigmas en nuestro país. Hace diez años genocidas como Astiz caminaban por la calle como si nada hubiese pasado, hace diez años la tasa de desocupación se acercaba al 30% y la pobreza estructural habia alcanzado niveles vergonzantes. Hace diez años viviamos en una sociedad menos igualitaria -es decir, menos democrática- y muchas minorias no tenian reconocidos sus derechos civiles. Hace diez años el FMI venía a decirnos que podiamos hacer y que no con nuestra propia economía. Hace diez años estabamos de espaldas a nuestra región y ni soñabamos con organismos tan saludables como UNASUR o la CELAC. Y muchos avances mas respecto a hace diez años... hace tan sólo diez años !!
Quienes nos identificamos plenamente con el modelo nacional y popular sabemos que hay muchas cosas para mejorar y por cambiar. De hecho reconocemos que hay instituciones que en la práctica son ineficientes y en los hechos peligrosas si no impulsamos urgentes cambios al respecto. Por dar un ejemplo, el actual sistema penitenciario dista de lo que muchos anhelamos sea un necesario escalón para dar posibilidades concretas de reinsersión social a quienes salen tras cumplir sus condenas. Otro ejemplo: muchas policias provinciales, que están atravezadas por múltiples factores de corrupción e impunidad, deben ser rediseñadas estructuralmente. Doy estos ejemplos no casualmente, pues muchos de los que vociferan y patalean por la inseguridad en lugar de propiciar con su apoyo -ya sea activo o discursivo- políticas de cambio terminan aplaudiendo el gatillo fácil y otras aberraciones... logrando, en definitiva, que nada cambie.
Luego de todo lo dicho sólo agregaré lo siguiente: Mientras los "cacerolazos" -o cacerolacitos- sigan partiendo mayormente desde Recoleta, Belgrano y Olivos querrá decir que estamos tocando los intereses que habia que tocar, y quitando los privilegios que habia que quitar. Mientras quienes estén mas indignados vivan en esas zonas, y no en barrios obreros, querrá decir que vamos por el camino correcto. Ante determinados perfiles de protesta, con tapados de piel incluidos, uno se da cuenta que no es por el precio de la yerba o por el desacuerdo con un funcionario que salen a hacer barullo, y que en el medio hay cuestiones muchísimo mas mezquinas y miserables.


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