lunes, 27 de junio de 2011

LOS QUE SIEMPRE VEN EL VASO VACÍO.

Por Alicia Kirchner

Los que siempre ven el vaso vacío quizá les sobra soberbia y no quieren ver los innumerables logros en materia económica y social que se han venido produciendo en nuestro país. Les cuesta reconocer que la Asignación Universal por Hijo es como medida de protección, lo mejor que le pasó al país en las últimas décadas. No es esta una bandera de un grupo político sino un derecho de todos los niños y niñas de nuestra patria.

Los que siempre ven el vaso vacío cuando tuvieron oportunidad de llenarlo sólo ejecutaron desde el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación por ejemplo en 2002, el 72% del presupuesto. Tampoco registran que por primera vez en la Argentina se destinan 13.200.000 prestaciones nacionales a personas menores de 18 años. Parecen olvidar también que hoy tenemos más del 96% de cobertura de las personas en condiciones de jubilarse; en el año 2003 estaba por debajo del 65%. Del 2004 al 2011 la cobertura de la jubilación aumentó en un 79%.

Los que siempre ven el vaso vacío no son oposición, sino un raro collage que se amalgama a la conveniencia de sus intereses, prefieren decir que no somos un país serio, pero como dijo el Premio Nobel de Economía Paul Krugman, refiriéndose a la Argentina de la década del ‘90: “En Argentina, y en cualquier otro lado del mundo, ser serio fue un desastre”.

Los que siempre ven el vaso vacío tendrían que tener más convicciones, menos odio, más memoria, más entrega al país, menos ataques pueriles, empezar a servir a los intereses de la patria y no a los intereses de los grupos hegemónicos. Es una pena que hayan envejecido con recetas en sillas importadas que tanto mal le han hecho a nuestro país. Son los mediocres, los mediocres recorren caminos conocidos y son empleados de los intereses concentrados. Queda claro que en la República Argentina, para no repetir nuestro pasado, necesitamos enfrentar con plenitud el desafío del cambio. Claro que para el cambio se necesita fuego, sabiduría, ideales y sentimientos superiores. Demasiado intrascendente sería la vida sino se la viviese con ideales, dignidad y justicia social.

No es necesario hacer un detallado repaso de cuales fueron nuestros peores males en el pasado reciente que nos condujeron a fracasos, dolor, enfrentamientos, energías mal gastadas y luchas estériles, al punto de enfrentar seriamente a los argentinos entre sí, como sucedió en 2002.

No es cierto, como nos quisieron hacer creer, que todo tiene precio. El compromiso, la lealtad, la solidaridad no lo tienen. Estamos hoy caminando a una nueva renovación de los gobiernos nacionales, provinciales y locales en sus cargos ejecutivos y legislativos. Promovemos así también a nuestra juventud y lo hacemos no desde una concepción utilitarista de la vida. Queremos que sean protagonistas, que se hagan cargo, que se conviertan en actores activos de la transformación política en un país inclusivo, para que sigan protagonizando los cambios sociales y políticos en una épica de compromiso militante.

Por eso, para los que siempre ven el vaso vacío, envejeciendo en sus propias contradicciones, les pido se den cuenta, que esta oportunidad que vive el país, no es una cuestión partidaria, sino ideológica. Lo colectivo vuelve a ser posible, y lo nacional se convierte en convicción.

 

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