viernes, 4 de febrero de 2011

EL ALBARIÑOS NOS SIGUE OCUPANDO

Por Alicia Kirchner

Algo más de un mes pasó desde la ocupación del Club Albariños, en Villa Lugano. Ahí nomás, lindando con Ciudad Oculta. Un área metropolitana que, como muchas otras al sur de la Ciudad de Buenos Aires, están alejadas de las ocupaciones de las autoridades porteñas. Son vecinos que no producen rentas importantes.


El Albariños, o mejor dicho su ocupación en diciembre pasado, dominó las tapas de algunos medios gráficos con “ríos de tinta” como suele decirse. A lo que habría que agregar para estar a tono con la época, que se le destinaron editoriales, horas y horas de comunicación audiovisual. En la mayoría de los casos, aludiendo a la inseguridad, a la falta de represión, como sinónimo de orden (¿) y sobre todo, confrontando a unos vecinos en contra de otros alentando un discurso xenofóbico como poco se ha visto en nuestra Argentina.

No le interesó a las autoridades de la Ciudad de Buenos Aires la problemática social del conflicto. Todo se redujo a conferencias mediáticas con densa palabrería, que como señal de escarmiento debía cumplirse. Los terrenos del Albariños fueron cedidos por el Estado a un club de manera precaria. Si bien es cierto y en rigor de verdad que toda ocupación no autorizada es ilegal, en esos terrenos sólo se había planificado una precaria canchita de fútbol, sin mayores mejoras. Algo así, o peor aún, ocurrió en el Parque Interamericano. Allí, el Gobierno de la Ciudad de Buenos directamente se había desentendido del predio, al que sólo empezó a limpiar después del desalojo de los ocupantes.

El Albariños fue desalojado por orden judicial y sin violencia en un trabajo coordinado del Gobierno Nacional entre el Ministerio de Desarrollo Social y el de Seguridad. A ese lugar fuimos con la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Ahí se construyó con la colaboración de la infraestructura por parte de la Fundación Madres de Plaza de Mayo, el cuartel de bomberos anunciado por la ministra de Seguridad, Nilda Garré y una oficina del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, donde personal del área de Abordaje Territorial trabajará con el compromiso social de siempre. Detrás de Albariños hay un Estado porteño ausente, lamentablemente para la gente, ausente. Con la investigación hecha por la justicia se logró desbaratar una red de especuladores de tierras, que luego son loteadas entre familias de precarias condiciones de ingreso. Esta conducta no por conocida es menos repudiable.

Durante todo este tiempo, el Estado nacional ha estado presente y activo para ir solucionando los problemas que subyacen a estos conflictos sociales. Detrás de estos hay oportunistas, es verdad, pero sobre todo hay personas, familias enteras, necesitadas de un pedazo de tierra para edificar su vivienda y un apoyo para ser incluidos en la sociedad. La exclusión social no es justificable en ningún rincón de nuestra Argentina y mucho menos en la Ciudad de Buenos Aires. Nuestro gobierno viene trabajando muy fuertemente en todo el país junto con las jurisdicciones responsables, para aportar en la resolución de situaciones de precariedad, que vienen desde décadas, pero que fueron exacerbadas durante el neoliberalismo. Lo estamos haciendo sin estridencias, sin demasiadas cámaras, que generalmente esconden intenciones electoralistas. Lo hacemos con las herramientas del Estado, que deben estar siempre al servicio del pueblo y, sobre todo, de los que menos tienen. Todo esto sucede en Villa Soldati con la gente que ocupo el Indoamericano y en Villa Lugano con la que fue desocupada del Club Albariños. Ahí hay argentinos y también hermanos latinoamericanos. A ellos tenemos que mirarlos a los ojos y no desviar la vista hacia otro lado. Actuar en forma contraria es tremendamente deshumanizante.


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