miércoles, 15 de septiembre de 2010

No es "viento de cola"

A continuación leeremos el muy buen análisis de la Ministra de Desarrollo Social sobre las medidas económicas adoptadas por el actual modelo, impulsado desde el ejecutivo, y sobre la lectura que dan a esas medidas sectores identificables. 
Escuchamos habitualmente el para nada criterioso y hasta directamente malintencionado discurso de dirigentes de la oposición y economistas neoliberales, que adjudican logros a circunstancias internacionales que "de casualidad nos rozan", mientras que a los resultados económicos que no son favorables los remarcan como de absoluta responsabilidad del gobierno. Con tono docto propagan tanto ésta lectura distorsiva y poco técnica de lo que deberìa ser un análisis económico real, siempre a traves de medios de comunicación afines a sus intereses de reposicionamiento político, que finalmente logran hacer ver como lectura objetiva lo que no es mas que una operación política bien básica: y lo consiguen asi, repitiendo como verdad revelada cualquier arbitrariedad.


NO ES VIENTO DE COLA !!!  
Por Dra. Alicia Kirchner
 
         Cualquier tropiezo en la economía, por pequeño que sea, es atribuido a la política del Gobierno. Pero cuando la economía crece, aumentan los ingresos de los trabajadores, que se vuelcan a mejorar la calidad de vida de las familias, decrecen los índices de vulnerabilidad, los hijos de los que menos tienen vuelven a la escuela, porque el papá o la mamá recuperaron el trabajo, no se contabiliza como un logro. Antes bien, algunos medios de comunicación, economistas liberales y políticos intencionadamente desinformados, lo adjudican a un “viento de cola”.
          Bien lo señala nuestra presidenta  Cristina Fernández, “no se trata de que aplaudan todo, pero al menos reconozcan que algo se está haciendo bien”. Porque si de honestidad intelectual se trata, muchos  denominados “analistas” o “consultores” carecen de altura moral. O en el mejor de los casos, siguen adhiriendo al modelo neoliberal, porque en el fondo sus negocios se ubican en el circuito que determina :  “cuanto peor, mejor”.
El esquema funciona así : es necesario agitar el ambiente ciudadano y sobre todo del “establishment”, con malos augurios porque de lo contrario… quién los seguiría consultando?
         Si bucearan en la Argentina real, esa que está saliendo de las tinieblas y a la que todavía le falta mucho, pero no afloja, los consultantes se ahorrarían mucha plata. No hay “viento de cola” que dure tantos años, sin que exista  una política pública económica y social con mirada autónoma y no extranjerizante . Sin políticas contracíclicas, no hubiera sido posible que la Argentina superara tan  bien y ajena casi a las crisis de los países centrales.
         En 1992, Bill Clinton, entre otras cosas, cuando  logró derrotar a George Bush (padre) utilizó la ya famosa  frase : “es la economía, estúpido”, a lo que agregaba en su campaña, “cambio vs. más de los mismo” y “no olvidar el sistema de salud”. Para los liberales americanos –sean demócratas o republicanos- la economía es esencial y está por encima de cualquier otra consideración, incluso de los más elementales derechos humanos. Por eso, lo de la salud. Como muestra basta mirar los esfuerzos del presidente, Barack Obama, para encarar una política pública de salud que alcance a todos los norteamericanos, algo inusual en esas latitudes.
         Para los neoliberales argentinos, muchos ofician en realidad de ¨agentes consulares¨ de las grandes corporaciones multinacionales, también la economía resulta esencial, sobre todo en cuanto les sirve para garantizar sus negocios. En épocas de crisis, financistas y no pocos empresarios argentinos tributaban a la banca en el exterior, a los paraísos fiscales, mientras  paralizaban la producción y el crecimiento. Nada les importó sobre  el destino de los millones de argentinos que fueron quedando a la vera del camino. En todo caso, dispusieron de  ambulancias funerarias, para ir recogiéndolos, pero no incluyéndolos.
         Aunque parezca mentira, todavía hoy, las empresas argentinas tienen una capacidad industrial ociosa, beneficiados con la incorporación de nueva tecnología, en épocas del dólar favorable y de los incentivos que el modelo les aportaba sin imponerles responsabilidad social y solidaridad.
         La economía entonces, ventajosa por cierto durante el neoliberalismo, también se nutrió de la situación externa globalizada, pero no tanto como para que no se pudiera evitar la metástasis. La Argentina crecía pero  también crecieron los pobres, los desocupados, los menores que abandonaron la escuela, los hogares destruidos y la calidad de vida se fue hipotecando.
En la Argentina del nuevo modelo, de manera inédita se desendeudó al país y pudimos cortar el cordón umbilical con los organismos multilaterales de crédito externo, a los que nos habían anudado los militares de 1955. Entonces sí “la economía, estúpidos” se subordinó a la política y se colocó al servicio del país y de las mayorías populares.
         No se le puede llamar “viento de cola” a la creación de 125.000 nuevas empresas de industria y comercio, entre 2003 y 2009; a un aumento del empleo industrial constante de más del 33 por ciento; al descenso de la desocupación, desde el 20,4 por ciento al 7,9 por ciento; al incremento de la participación salarial en el PBI que ya alcanza al 43 por ciento. Es política y no “viento de cola” el haber llegado a los 5.500.000 jubilados y a más de 1.000.000 de pensionados; con 14 aumentos consecutivos de la jubilación mínima que trepó en un 600 por ciento. Es política la creación de casi cinco millones de nuevos puestos de trabajo, con una remuneración media que creció entre 2002 y 2009 en más del 56 por ciento, ubicándose en la más elevada de los últimos 23 años. Es política pública también que se haya reducido el empleo informal en más del 15 por ciento y que el salario mínimo y vital aumentara el 820 por ciento con relación a la década neoliberal del ’90.
         Tampoco es “viento de cola” que hayamos superado el 6,2 presupuestado para la Educación; que la ciencia y la tecnología ahora estén valorizadas; que se hayan repatriado cerebros que debieron emigrar porque los habían mandado a “lavar platos”; No lo son las políticas sociales integrales más activas en la historia de los últimos 50 años; ni las obras de infraestructura nacional abarcadoras de todo el territorio; ni la cobertura y previsión de la salud, la contención de la niñez, la adolescencia, la familia y los adultos mayores.
         Esta nueva Argentina que construimos y seguiremos construyendo entre todos, es posible porque estamos aprendiendo a miramos entre nosotros para superar problemas que parecían insalvables. Podremos tener diversidad de opiniones y de miradas, pero el campo nacional y popular vuelve a estar unido tras un proyecto de país en el que nos reconocemos a partir de ese valor esencial que es la solidaridad, que hace sólido al tejido social dañado con tanto fervor antiargentino. Entonces hermanos y hermanas que habitan nuestro suelo: bienvenido el “viento de cola” si somos capaces de generar una corriente de pensamiento, de acción y de organización social orientada a un destino común. Así cancelaremos el individualismo que nos hizo dependientes. Así podremos seguir el camino de la auténtica liberación personal y colectiva.

14 de septiembre de 2010

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